Séptimo C
Tú, que vives arriba
oigo tus pasos, no sé si estás
tú, que vives encima.
Dicen que cuando despiertas
se oye cantar al gallo, dicen
que cuando contemplas
atisbas el frágil latido, dicen
que cuando ansías, se estremece el saciado.
Dicen
que haces milagros
¡Que eres un mago!
Nunca te crucé en el rellano.
***
Tu buzón sigue lleno de cartas ansiosas
no sé si recoges las señas.
Tus persianas a penas entreabiertas
filtran la luz que, dicen, insinúas.
En tus macetas las hierbabuenas crecen y crecen
dicen
que nunca riegas.
***
Nunca apareces, sin embargo
todos hablan de ello.
Tampoco recibes pero me llega la música de una fiesta desvanecida.
Y si me hago la desentendida es para dejarte beneficio de la duda.
Subo, a tu mirilla me asomo
contra tu puerta aplico mi oído.
¿Moverás una silla?
¿Saldrás de la ducha apuntando al cielo tu dedo poderoso?
En la oscuridad busco tu sombra
en cada silueta veo tu figura ¡Tú!
Encima.
***
Me decido. Quito el cerrojo.
Pero en el pasillo baja, fúnebre, un cortejo
el inquilino ha muerto, envenenado por sabio.
Se silencia mi cita con los sentires de la casa y su extraña presencia.
Me quedo sola con ese aroma
que sigue brotando
del macetero del vecino.
Arriba.
@Melhinda_H 2015.
Verso Libre.
